Fahrenheit 451

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Fahrenheit 451

Mensaje por Nat Graveyard el Dom 23 Oct 2011 - 17:41

Otra distopía más que me animo a comentar tras la aportación de Miguel sobre 1984.

En este caso plantea una sociedad de teórica perfecta felicidad, puesto que todo lo material y tecnológico estaría en nuestras manos. Las casas son ignífugas, los bomberos ya no apagan incendios sino que queman libros (recuerda al nacismo), libros que hacen pensar y sólo llevan a disputas mermando la felicidad de la gente. Está prohibido leer. Como siempre, tenemos a los rebeldes luchando por poder pensar verdaderamente de forma libre, y no lo que el mundo considera que se debe pensar, manteniendo en vida, como pueden, el espírito de los pensadores.
Os la recomiendo a todos, máxime teniendo en cuenta cómo va el mundo, absorbido completamente por programas estilo Sálvame Crying or Very sad

Montag se sentía a gusto.
-¿Por qué no estás en la escuela? Cada día te encuentro vagabundeando por ahí.
-¡Oh, no me echan en falta! -contestó ella-. Soy antisocial, al parecer. No me integro. Es muy extraño. En realidad soy muy sociable. Aunque todo depende de lo se entienda por ser sociable, ¿no cree? Para mí es hablar de cosas, como ahora -hizo que unas nueces que habían caído del árbol de la explanada entrechocaran-. 0 comentar todo lo que el mundo tiene de extraño. Se está bien en compañía. Pero no considero que sea sociable reunir a un grupo de gente y, después, no dejar que hable. Una hora de tele-clase, una hora de baloncesto, de base-ball o de carreras, otra hora copiando historia o pintando, y más deportes. Pero nunca hacemos preguntas, o por lo menos, la mayoría no las hace; no hacen más que lanzarte las respuestas izas!, izas!, y nosotros sentados allí durante otras cuatro horas soportando al tele-profe. Esto no tiene nada que ver con la sociabilidad. Sólamente hay embudos en los que vierten agua que quieren que luego creamos que es vino cuando salga por el agujero pequeño. Nos embrutecen tanto que al terminar el día, sólo somos capaces de acostarnos, ir a un Parque de Atracciones para empujar a la gente, romper cristales en el Rompedor de Ventanas o triturar automóviles en el Aplastacoches, con una gran bola de acero. O incluso coger el coche y enfilar las calles rozando las farolas, jugando a comprobar cuán cerca de ellas es posible detenerte, o a quién es el último que salta del vehículo antes de que se estrelle. Supongo que soy todo lo que dicen de mí, desde luego. No tengo ningún amigo. Esto debe demostrar que soy anormal. Pero todos aquellos a quienes conozco andan gritando o bailando por ahí como locos, o golpeándose mutuamente. ¿Se ha dado cuenta de cómo, en la actualidad, la gente se hace daño entre sí?
-Hablas como una vieja.
-Hay momentos en los que me siento como una antigüedad. Tengo miedo de los niños de mi edad. Se matan mutuamente. ¿Siempre ha sido así? Mi tío dice que no. Sólo en el último año, seis de mis compañeros han muerto por un disparo. Otros diez han muerto en accidente de coche. Les temo, y ellos no me quieren por tener miedo. Mi tío dice que su abuelo recordaba una época en la que los niños no se mataban entre sí. Pero de eso hace mucho, cuando todo era distinto. Mi tío dice que creían en la responsabilidad. Ha de saber que yo soy responsable. Años atrás, cuando lo merecía, me azotaban. Y hago a mano todas las compras de la casa, y también la limpieza. Sola. Pero sobre todo todo -prosiguió Clarisse-, me gusta observar a la gente. A veces, me paso el día entero en el metro, mirándolos, escuchando. Sencillamente quisiera entender quiénes son, qué quieren y adónde van. Incluso, voy a los parques de atracciones y monto en los coches-cohete cuando recorren los arrabales de la ciudad a medianoche. Y la Policía hace la vista gorda si están asegurados. Si todo el mundo está super asegurado, todo el mundo está contento. A veces, me deslizo a hurtadillas y escucho en el metro. 0 en las cafeterías. Y, ¿sabe qué?
-¿Qué?
-La gente no habla de nada.
-¡Oh, de algo hablarán!
-No, de nada. Citan una serie de automóviles, de ropa o de piscinas, y dicen que es estupendo. Pero todos dicen lo mismo y nadie tiene una idea original. La mayoría del tiempo, en las cafeterías, se cuentan una y otra vez las mismas historias graciosas a través de las máquinas de chistes, o miran desfilar motivos de colores sobre las paredes musicales, motivos abstractos, simples manchas de color. Y en los museos... ¿Ha estado en alguno? Todo es abstracto. Es lo único que hay ahora. Mi tío dice antes era distinto. Mucho tiempo atrás, los cuadros expresaban algo o incluso representaban personas.
-Tu tío dice, tu tío dice... Tu tío debe de ser un hombre notable.
-Lo es. Sí que lo es. Bueno, he de marcharme. Adios, señor Montag.
-Adiós.
-Adiós...

PD: El fragmento lo traduje del francés.

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Nat Graveyard
Coleccionista de Incunables

Edad : 22
Fecha de inscripción : 16/05/2010
Humor : Saliendo del subsuelo

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