Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
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Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
Lansa tosió, una tos seca y aguda, una premonición de un futuro incierto,. Se apretujó en su capa un poco más. Sus andares lentos se veían entorpecidos por la nieve que recubría el suelo a modo de manto, el roce del Padre Invierno. A pesar de sus esfuerzos, la caricia del viento se colaba entre los pliegues de sus vestimentas, llevando consigo la maldición del cruento frío.
Sus andares la condujeron a un pequeño claro escondido en las profundidades de la espesura. Tres grandes piedras, menhires arcanos colocados por los primeros hombres, se disponían en círculo. Runas de relieves extraños recubrían a estos poderosos gigantes. Se acercó la muchacha al centro de aquella conformación, postrándose de rodillas. Pequeñas gotas de infinita tristeza asomaron entre sus párpados, suplicando un milagro.
Ya nadie rendía culto a los antiguos dioses, los señores de la estación. Habían sido sustituidos por unos dioses nuevos, que llegaron con los extranjeros hará muchos años. Dioses vacuos. No habían podido salvar a Irsha, y ahora Nar iba a ser arrebatada por la misma enfermedad. No, los dioses nuevos habían hecho caso omiso de las oraciones de la joven para que salvaran a su hermano pequeño. Ayer había acudido el sacerdote. Había formulado sus plegarias a esos entes, que pese a ser todopoderosos, miraban despectivamente a sus creaciones, jugando con ellos como un niño juguetea con una mosca. El médico tampoco había podido hacer nada. Los sintomas de aquella enfermedad que había contaminado a su familia le resultaban extrañas.
Se le hizo un nudo en el estómago. Gritó, liberó su agonía en forma de un millar de cuchillas que rasgaban el aire, un torrente descontrolado de cristal. Estuvo así varios minutos, esperando oír una voz divina que no acudió. Se levantó, con todavía gotas aflorando entre sus verdes ojos. Había hecho todo lo que en su mano estaba. Se retiró con andares plomizos.
Un ruido atrajo su atención, el relincho de un caballo. Se giró. Al otro lado del claro un jinete se aproximaba lentamente montado sobre un espléndido semental negro. El desconcido, envuelto por oscuras ropas de la cabeza a los pies, la penetró con la mirada. Se quedó sin respiración, absorta en el aura de misterio que embargaba a aquel sujeto. El hombre retiró su mirada y descabalgó ágilmente. Lansa se quedó petrificada, sin moverse.
El extraño se acercó al círculo de piedras, sin mediar palabra, y se situó en su centro. Se arrodilló, no como lo había hecho ella, sino más bien como si fuese una reverencia cortesana de un vasallo a su rey. Juntó sus manos y de sus labios surgió un leve murmullo. La muchacha no llegaba a escuchar la voz de aquel individuo, pues el viento, enardecido, se llevaba las palabras fuera de su alcance.
El rezo se prolongó inconmensurablemente, o al menos así se le antojó a la joven. Poco a poco fue perdiendo el interés, la magia de aquel momento se había roto. Se disponía a marcharse cuando percibió el débil golpeteo de la madera contra el suelo. Volvió los ojos. El ermitaño se levantó lentamente, apoyándose en su cayado, y salió del cerco, dirigiéndose hacia ella.
Se detuvo a unos pocos pasos de distancia. Su saludo rompió el silencio.
- Desta erge sinuet - proclamó una voz varonil, profunda, más propia de un zagal que de un anciano.
Lansa se sintió doblemente sorprendida. No esperaba que fuese alguien tan joven. De lejos había podido atisbar mechones de pelo blanco, y había llegado a la conclusión de que su paso lento se debía a que se trataba de alguien vetusto, ya roído por la edad. No obstante, ahora que estaba más cerca era aún incapaz de detectar el menor signo de arrugas en la porción del rostro que dejaba al descubierto. Por otra parte la había saludado en el idioma antiguo, el idioma de los caminantes. Su abuela, ya fallecida hará tiempo, la había enseñado algunas palabras de aquella lengua muerta. Nunca le había visto el sentido y había desoído sus explicaciones. Ahora se arrepentía de ello, pues no conseguía desenterrar de las entrañas de su memoria la contestación que debía pronunciar. Se hizo el silencio.
- Jurset … nim nimda … dart - logró pronunciar finalmente, tras lo cual soltó un pequeño suspiro. Había conseguido dar con la contestación a aquella formula tras un buen esfuerzo, tal y como revelaba el sudor de su frente.
- ¿Por qué llorabas, el-sedin?
- Muchas gracias, el-sar, pero dudo que podáis hacer nada por mis penas – Era inútil responder a aquella pregunta, pues no había solución posible a su duelo.
- Insisto en conocer vuestro problema, no sea sólo por subsanarlo, sino al menos para poder daros mis condolencias.
¿Qué había de malo en contarle la situación? Nada malo iba a ocurrir, ¿no?
- Mi hermano va a … , a … - No podía proseguir, sus labios eran incapaces de gesticular completamente, y todo su cuerpo era recorrido por profundos temblores.
- Llevadme ante él – sus palabras sonaron duras, más como una orden que como una petición, imbuidas de una extraña fuerza que empuja lenta pero irresistiblemente, era alguien acostumbrado a dar ordenes.
- Seguidme, por favor.
El viento había arreciado, furioso, y copos blancos golpeaban con violencia a la pareja, que se abría paso con dificultad entre la tormenta de nieve. Los ojos de Lansa se hallaban entrecerrados, intentando resistir la tempestad. Ya podía divisar su pequeña choza, apartada del resto del pueblo. Unas pocos volutas de humo salían de una tosca chimenea de madera. Su corazón se alegró, había vuelto a casa.
Se aproximaron a la vivienda. El hombre dio un salto de la grupa de su bestia grácilmente, aterrizando en el suelo. Ya sin el animal, se acercaron los últimos metros. Una luz mortecina se filtraba por las escasas ventanas de la cabaña. La campesina empujó la puerta, que se abrió sin esfuerzo, accediendo al interior. Se hallaron en una pequeña habitación. Una hoguera crepitaba, calentando la sala. Un par de muebles rudimentarios completaban la estancia.
- Yert, ¿estás ahí? - inquirió Lansa.
No obtuvo respuesta, con lo que se encaminó a otra estancia. En ella un par de velas sobre una mesilla proporcionaban una tenue luz, quedando el lugar en la penumbra. En el suelo, un muchacho de no más de diez años gemía intranquilo en sueños, con un pequeño paño sobre la frente. Corrió a aproximarse sobre su hermano, pero una presa sobre su hombro la detuvo en seco. El extranjero se adelantó y sacudió su cabeza ligeramente, mientras se llevaba los dedos a los labios.
Sin esperar a ver que hacia la joven, se inclinó frente al enfermo. Coloco su mano sobre la frente del chiquillo, apartando el paño. A continuación rozó con las yemas de los dedos el cuello. Lansa permaneció muda, atenta a aquellos gestos. Unos segundos más tarde los retiro y posó su cabeza sobre el pecho del joven, escuchando el lento y arrítmico fluir de la respiración del crío.
- Voy a desnudarle para examinarle mejor, acercadme la vela, por favor.
Las manos de aquel curandero se movieron con pericia, desabotonando con rapidez la camisa. La muchacha le tendió la vela. Él la dejó con cuidado cerca del lecho. Durante los minutos siguientes, palpó el tronco con suavidad. De vez en cuando la hizo alguna pregunta: cuando había empezado la enfermedad, que había comido, …
Media hora después se incorporó. Sin emitir sonido alguno salió de la casa. Instantes después, volvió a entrar, con un zurrón en las manos.
- ¿Qué le pasa? - unas pequeñas brasas de esperanzas comenzaron a inundar su interior.
- Puede que viva, pero desconozco el resultado de lo que viene - el curandero esbozó una pequeña sonrisa – pero en el momento en el que vuelva a entrar en esa habitación y cierre la puerta, no quiero que nadie entre – su semblaje se ensombreció – si valoras su vida, te ruego que no haya interrupciones, pase lo que pase, incluso aunque oigas los más horribles chillidos de su interior.
Con su mutismo habitual, entró en los aposentos y se encerró en ellos.
Pasaron horas. Para hacer tiempo, Lansa se decidió por hacer punto. Sin embargo, la aguja se resbalaba demoniaca en sus manos, y una y otra vez el zurcido salía mal. Desesperada, dejó la tarea.
La puerta se abrió. Un hombre enorme entró en la chabola.
Bienvenido, padre - se dirigió la joven.
- Buenas tardes, Lansa. Lamento haber dejado a tu hermano sólo, pero el alcalde me reclamó para el consejo, y no podía ausentarme. ¿Qué tal se encuentra?
- No lo se. No se puede pasar.
- ¿Cómo que no se puede pasar? - la voz de su progenitor surgió amenazadora.
- Él dijo que no molestásemos, ocurriese lo que courriese.
- ¿Él? ¿Quién es él?- la rabia se hacía evidente en su timbre.
- Un extraño, el dijo que iba a curarle y …
- Y tú has conducido a tu hermano al primero que se ha ofertado a ayudarte, ¿verdad? Niña estúpida.
El herrero embistió contra la puerta, haciéndola añicos. Su mirada se detuvo, furiosa. Rastros de sangre cubrían la habitación, y su hijo yacía sin respirar en el colchón de paja, adornado por manchas color escarlata. Su rostro se contrajo en una mueca de desprecio.
- ¿Quién anda ahí? ¿Que le has hecho a mi hijo, bastardo?
Como respuesta sintió un dolor punzante en la corva de una de sus piernas, Tras él se hallaba una figura envuelta en la penumbra, de la cual no se avistaba ninguna parte de su rostro, tapado por la oscuridad. El hombretón arremetió una vez más, extendiendo sus manos. El encapuchado extendió su mano y arrojó algo. Los ojos del turbado progenitor quedaron cegados. Un momento después, un puntapié golpeo su miembro herido, derribándole. Intentó ponerse en pie, pero una extraña pesadez recorría todo su cuerpo, y antes de poder volver a rebelarse quedó su mente nublada por la inconsciencia.
Lansa asistió atónita a aquella breve emboscada, parada en el sitio. La cabeza del asaltante se volvió en su dirección, esbozando una sonrisa.
- Este hombre con su insensatez ha estado apunto de condenar una vida. De haber aparecido un poco antes, no habría acabado, y eso hubiese supuesto la muerte del pequeño. Le he dejado dormido, despertará en un par de horas. En cuanto al niño … sobrevivirá. Pasaran unas pocas emanas antes de que se recupere, y a lo mejor la afección le dejará secuelas, eso no puedo garantizarlo.
Se dirigió fuera de la choza, sin volver la vista atrás. Tras unos segundos, Lansa, al oír el relinchar de un caballo, corrió hacia el exterior. El extranjero ya galopaba, pasada la tormenta, a nuevas tierras. Quería haberle preguntado su nombre, pero en el fondo lo intuía. Hacía varios años un espíritu había cruzado todas las tierras del reino, curando a enfermos e impartiendo justicia, pero súbitamente desapareció. Al parecer eran algo más que habladurías. Había visto a una leyenda viva, Iyuart, El Druida del Bosque.
Sus andares la condujeron a un pequeño claro escondido en las profundidades de la espesura. Tres grandes piedras, menhires arcanos colocados por los primeros hombres, se disponían en círculo. Runas de relieves extraños recubrían a estos poderosos gigantes. Se acercó la muchacha al centro de aquella conformación, postrándose de rodillas. Pequeñas gotas de infinita tristeza asomaron entre sus párpados, suplicando un milagro.
Ya nadie rendía culto a los antiguos dioses, los señores de la estación. Habían sido sustituidos por unos dioses nuevos, que llegaron con los extranjeros hará muchos años. Dioses vacuos. No habían podido salvar a Irsha, y ahora Nar iba a ser arrebatada por la misma enfermedad. No, los dioses nuevos habían hecho caso omiso de las oraciones de la joven para que salvaran a su hermano pequeño. Ayer había acudido el sacerdote. Había formulado sus plegarias a esos entes, que pese a ser todopoderosos, miraban despectivamente a sus creaciones, jugando con ellos como un niño juguetea con una mosca. El médico tampoco había podido hacer nada. Los sintomas de aquella enfermedad que había contaminado a su familia le resultaban extrañas.
Se le hizo un nudo en el estómago. Gritó, liberó su agonía en forma de un millar de cuchillas que rasgaban el aire, un torrente descontrolado de cristal. Estuvo así varios minutos, esperando oír una voz divina que no acudió. Se levantó, con todavía gotas aflorando entre sus verdes ojos. Había hecho todo lo que en su mano estaba. Se retiró con andares plomizos.
Un ruido atrajo su atención, el relincho de un caballo. Se giró. Al otro lado del claro un jinete se aproximaba lentamente montado sobre un espléndido semental negro. El desconcido, envuelto por oscuras ropas de la cabeza a los pies, la penetró con la mirada. Se quedó sin respiración, absorta en el aura de misterio que embargaba a aquel sujeto. El hombre retiró su mirada y descabalgó ágilmente. Lansa se quedó petrificada, sin moverse.
El extraño se acercó al círculo de piedras, sin mediar palabra, y se situó en su centro. Se arrodilló, no como lo había hecho ella, sino más bien como si fuese una reverencia cortesana de un vasallo a su rey. Juntó sus manos y de sus labios surgió un leve murmullo. La muchacha no llegaba a escuchar la voz de aquel individuo, pues el viento, enardecido, se llevaba las palabras fuera de su alcance.
El rezo se prolongó inconmensurablemente, o al menos así se le antojó a la joven. Poco a poco fue perdiendo el interés, la magia de aquel momento se había roto. Se disponía a marcharse cuando percibió el débil golpeteo de la madera contra el suelo. Volvió los ojos. El ermitaño se levantó lentamente, apoyándose en su cayado, y salió del cerco, dirigiéndose hacia ella.
Se detuvo a unos pocos pasos de distancia. Su saludo rompió el silencio.
- Desta erge sinuet - proclamó una voz varonil, profunda, más propia de un zagal que de un anciano.
Lansa se sintió doblemente sorprendida. No esperaba que fuese alguien tan joven. De lejos había podido atisbar mechones de pelo blanco, y había llegado a la conclusión de que su paso lento se debía a que se trataba de alguien vetusto, ya roído por la edad. No obstante, ahora que estaba más cerca era aún incapaz de detectar el menor signo de arrugas en la porción del rostro que dejaba al descubierto. Por otra parte la había saludado en el idioma antiguo, el idioma de los caminantes. Su abuela, ya fallecida hará tiempo, la había enseñado algunas palabras de aquella lengua muerta. Nunca le había visto el sentido y había desoído sus explicaciones. Ahora se arrepentía de ello, pues no conseguía desenterrar de las entrañas de su memoria la contestación que debía pronunciar. Se hizo el silencio.
- Jurset … nim nimda … dart - logró pronunciar finalmente, tras lo cual soltó un pequeño suspiro. Había conseguido dar con la contestación a aquella formula tras un buen esfuerzo, tal y como revelaba el sudor de su frente.
- ¿Por qué llorabas, el-sedin?
- Muchas gracias, el-sar, pero dudo que podáis hacer nada por mis penas – Era inútil responder a aquella pregunta, pues no había solución posible a su duelo.
- Insisto en conocer vuestro problema, no sea sólo por subsanarlo, sino al menos para poder daros mis condolencias.
¿Qué había de malo en contarle la situación? Nada malo iba a ocurrir, ¿no?
- Mi hermano va a … , a … - No podía proseguir, sus labios eran incapaces de gesticular completamente, y todo su cuerpo era recorrido por profundos temblores.
- Llevadme ante él – sus palabras sonaron duras, más como una orden que como una petición, imbuidas de una extraña fuerza que empuja lenta pero irresistiblemente, era alguien acostumbrado a dar ordenes.
- Seguidme, por favor.
El viento había arreciado, furioso, y copos blancos golpeaban con violencia a la pareja, que se abría paso con dificultad entre la tormenta de nieve. Los ojos de Lansa se hallaban entrecerrados, intentando resistir la tempestad. Ya podía divisar su pequeña choza, apartada del resto del pueblo. Unas pocos volutas de humo salían de una tosca chimenea de madera. Su corazón se alegró, había vuelto a casa.
Se aproximaron a la vivienda. El hombre dio un salto de la grupa de su bestia grácilmente, aterrizando en el suelo. Ya sin el animal, se acercaron los últimos metros. Una luz mortecina se filtraba por las escasas ventanas de la cabaña. La campesina empujó la puerta, que se abrió sin esfuerzo, accediendo al interior. Se hallaron en una pequeña habitación. Una hoguera crepitaba, calentando la sala. Un par de muebles rudimentarios completaban la estancia.
- Yert, ¿estás ahí? - inquirió Lansa.
No obtuvo respuesta, con lo que se encaminó a otra estancia. En ella un par de velas sobre una mesilla proporcionaban una tenue luz, quedando el lugar en la penumbra. En el suelo, un muchacho de no más de diez años gemía intranquilo en sueños, con un pequeño paño sobre la frente. Corrió a aproximarse sobre su hermano, pero una presa sobre su hombro la detuvo en seco. El extranjero se adelantó y sacudió su cabeza ligeramente, mientras se llevaba los dedos a los labios.
Sin esperar a ver que hacia la joven, se inclinó frente al enfermo. Coloco su mano sobre la frente del chiquillo, apartando el paño. A continuación rozó con las yemas de los dedos el cuello. Lansa permaneció muda, atenta a aquellos gestos. Unos segundos más tarde los retiro y posó su cabeza sobre el pecho del joven, escuchando el lento y arrítmico fluir de la respiración del crío.
- Voy a desnudarle para examinarle mejor, acercadme la vela, por favor.
Las manos de aquel curandero se movieron con pericia, desabotonando con rapidez la camisa. La muchacha le tendió la vela. Él la dejó con cuidado cerca del lecho. Durante los minutos siguientes, palpó el tronco con suavidad. De vez en cuando la hizo alguna pregunta: cuando había empezado la enfermedad, que había comido, …
Media hora después se incorporó. Sin emitir sonido alguno salió de la casa. Instantes después, volvió a entrar, con un zurrón en las manos.
- ¿Qué le pasa? - unas pequeñas brasas de esperanzas comenzaron a inundar su interior.
- Puede que viva, pero desconozco el resultado de lo que viene - el curandero esbozó una pequeña sonrisa – pero en el momento en el que vuelva a entrar en esa habitación y cierre la puerta, no quiero que nadie entre – su semblaje se ensombreció – si valoras su vida, te ruego que no haya interrupciones, pase lo que pase, incluso aunque oigas los más horribles chillidos de su interior.
Con su mutismo habitual, entró en los aposentos y se encerró en ellos.
Pasaron horas. Para hacer tiempo, Lansa se decidió por hacer punto. Sin embargo, la aguja se resbalaba demoniaca en sus manos, y una y otra vez el zurcido salía mal. Desesperada, dejó la tarea.
La puerta se abrió. Un hombre enorme entró en la chabola.
Bienvenido, padre - se dirigió la joven.
- Buenas tardes, Lansa. Lamento haber dejado a tu hermano sólo, pero el alcalde me reclamó para el consejo, y no podía ausentarme. ¿Qué tal se encuentra?
- No lo se. No se puede pasar.
- ¿Cómo que no se puede pasar? - la voz de su progenitor surgió amenazadora.
- Él dijo que no molestásemos, ocurriese lo que courriese.
- ¿Él? ¿Quién es él?- la rabia se hacía evidente en su timbre.
- Un extraño, el dijo que iba a curarle y …
- Y tú has conducido a tu hermano al primero que se ha ofertado a ayudarte, ¿verdad? Niña estúpida.
El herrero embistió contra la puerta, haciéndola añicos. Su mirada se detuvo, furiosa. Rastros de sangre cubrían la habitación, y su hijo yacía sin respirar en el colchón de paja, adornado por manchas color escarlata. Su rostro se contrajo en una mueca de desprecio.
- ¿Quién anda ahí? ¿Que le has hecho a mi hijo, bastardo?
Como respuesta sintió un dolor punzante en la corva de una de sus piernas, Tras él se hallaba una figura envuelta en la penumbra, de la cual no se avistaba ninguna parte de su rostro, tapado por la oscuridad. El hombretón arremetió una vez más, extendiendo sus manos. El encapuchado extendió su mano y arrojó algo. Los ojos del turbado progenitor quedaron cegados. Un momento después, un puntapié golpeo su miembro herido, derribándole. Intentó ponerse en pie, pero una extraña pesadez recorría todo su cuerpo, y antes de poder volver a rebelarse quedó su mente nublada por la inconsciencia.
Lansa asistió atónita a aquella breve emboscada, parada en el sitio. La cabeza del asaltante se volvió en su dirección, esbozando una sonrisa.
- Este hombre con su insensatez ha estado apunto de condenar una vida. De haber aparecido un poco antes, no habría acabado, y eso hubiese supuesto la muerte del pequeño. Le he dejado dormido, despertará en un par de horas. En cuanto al niño … sobrevivirá. Pasaran unas pocas emanas antes de que se recupere, y a lo mejor la afección le dejará secuelas, eso no puedo garantizarlo.
Se dirigió fuera de la choza, sin volver la vista atrás. Tras unos segundos, Lansa, al oír el relinchar de un caballo, corrió hacia el exterior. El extranjero ya galopaba, pasada la tormenta, a nuevas tierras. Quería haberle preguntado su nombre, pero en el fondo lo intuía. Hacía varios años un espíritu había cruzado todas las tierras del reino, curando a enfermos e impartiendo justicia, pero súbitamente desapareció. Al parecer eran algo más que habladurías. Había visto a una leyenda viva, Iyuart, El Druida del Bosque.
_________________
El mundo no es estático, y si las raíces de nuestras percepciones y tradiciones se mantienen estáticas, entonces estamos condenados, opino yo, a un dogmatismo destructivo.
Es entonces cuando caemos sobre el lado más oscuro de esa arma de doble filo.
[right]Drizzt Do Úrden

Dasharai- _______________________

- Edad: 18
Fecha de inscripción: 02/10/2011
Re: Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
Me encanta, sobre todo el final. Fantástico vocabulario, y aunque no soy precisamente la más indicada para hacer esta observación, un pelín cargado. Por lo demás, está genial. Es más, es fantástico ese tinte que tiene al rol

Por ser el único en haber cumplido con el concurso, te voy a regalar, como administradora, siete puntos de reputación. FELICIDADES
Por ser el único en haber cumplido con el concurso, te voy a regalar, como administradora, siete puntos de reputación. FELICIDADES
_________________


Nat Graveyard- Coleccionista de Incunables

- Edad: 17
Fecha de inscripción: 16/05/2010

Re: Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
Bueno, en que sentido dices que está recargado (dime que eliminarías tú, así veo posibles opciones
)
PD: nos has dejado mucho tiempo abandonados
PD: nos has dejado mucho tiempo abandonados
_________________
El mundo no es estático, y si las raíces de nuestras percepciones y tradiciones se mantienen estáticas, entonces estamos condenados, opino yo, a un dogmatismo destructivo.
Es entonces cuando caemos sobre el lado más oscuro de esa arma de doble filo.
[right]Drizzt Do Úrden

Dasharai- _______________________

- Edad: 18
Fecha de inscripción: 02/10/2011
Re: Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
Nunca te lo perdonaremos
Creo que te mereces una rebienvenidaaaaa
Además acabas de dar vida a Velázquez con tus mensajes
Creo que te mereces una rebienvenidaaaaa
Además acabas de dar vida a Velázquez con tus mensajes
_________________

La sociedad funciona como si todo lo que es técnicamente posible fuera deseable y necesario.
- Un Sabio

Miguel- ________________________

- Edad: 18
Fecha de inscripción: 21/10/2011

Re: Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
(Chose de redacción)(PD: ¿A Velázquez?)
_________________


Nat Graveyard- Coleccionista de Incunables

- Edad: 17
Fecha de inscripción: 16/05/2010

Re: Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
Eran 1599... Velázquez: 1599 - 1650
_________________

La sociedad funciona como si todo lo que es técnicamente posible fuera deseable y necesario.
- Un Sabio

Miguel- ________________________

- Edad: 18
Fecha de inscripción: 21/10/2011

Re: Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
Ah!!!
(Aunque espero matarlo pronto
)
)_________________


Nat Graveyard- Coleccionista de Incunables

- Edad: 17
Fecha de inscripción: 16/05/2010

Re: Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
eso es un tanto sádico no?

Gon- Jefe de Secta

- Edad: 17
Fecha de inscripción: 17/12/2011
Re: Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
Muy interesante el texto, muy buena presentación del personaje. Me ha gustado bastante.
Le veo muchos rasgos del realismo, creo que te los puedes saltar para poner palabras más emocionales. Como hace Borges cuando dice cosas como ''soy un viajero gris entre pajaros de nieve'', pero esta vez sin usar parte del doble sentido y aprovechando la faceta de esta frase dirigida a nuestro subconsciente (Quiza cambiar ''con todavía gotas aflorando entre sus verdes ojos'' por ''con la desesperación en sus ojos'', y cosas así, que aunque quiza sean demasiado típicas, quedan bien). O usar un poco más lo que Michael Ende llevo a la exageración: si viene bien poner un dragón relojero en la novela, se pone, aunque sea absurdo.
La verdad es que esta muy bien el tipo de palabras que usas, quiza se podrían cambiar ''andares'' por ''pasos'' y ''espesura'' por ''selva'', pero ya esta.
Yo cambiaría las tres piedras en círculo por siete (suena más mágico), y por ahí puedes poner algun paralelismo.
La frase ''Insisto en conocer vuestro problema, no sea sólo por subsanarlo, sino al menos para poder daros mis condolencias'' da al personaje un toque quiza ligeramente prepotente, creo que quedaría mejor si dijera ''Insisto en conocer vuestro problema, no por subsanarlo, sino por daros mis condolencias''
Cuando dices ''¿Qué había de malo en contarle la situación? Nada malo iba a ocurrir, ¿no?'' al interpelar al lector alejas un poco a este del texto.
Creo que cuando escribes ''La campesina empujó la puerta, que se abrió sin esfuerzo, accediendo al interior'' estas dandoselo todo demasiado fácil al lector, quiza quedaría mejor ''La campesina empujó la puerta sin esfuerzo'', de modo que obligarías al lector a concentrarse cuando justo despues te situas ya dentro de la habitación, porque sin ser un salto excesivo que aleje al lector del texto es lo suficientemente grande como para captar toda su atención.
¿Continuara, segiras con la otra novela, o que haras luego en este ambito? A ver si consigo escribir yo tambien algo así de largo.
Le veo muchos rasgos del realismo, creo que te los puedes saltar para poner palabras más emocionales. Como hace Borges cuando dice cosas como ''soy un viajero gris entre pajaros de nieve'', pero esta vez sin usar parte del doble sentido y aprovechando la faceta de esta frase dirigida a nuestro subconsciente (Quiza cambiar ''con todavía gotas aflorando entre sus verdes ojos'' por ''con la desesperación en sus ojos'', y cosas así, que aunque quiza sean demasiado típicas, quedan bien). O usar un poco más lo que Michael Ende llevo a la exageración: si viene bien poner un dragón relojero en la novela, se pone, aunque sea absurdo.
La verdad es que esta muy bien el tipo de palabras que usas, quiza se podrían cambiar ''andares'' por ''pasos'' y ''espesura'' por ''selva'', pero ya esta.
Yo cambiaría las tres piedras en círculo por siete (suena más mágico), y por ahí puedes poner algun paralelismo.
La frase ''Insisto en conocer vuestro problema, no sea sólo por subsanarlo, sino al menos para poder daros mis condolencias'' da al personaje un toque quiza ligeramente prepotente, creo que quedaría mejor si dijera ''Insisto en conocer vuestro problema, no por subsanarlo, sino por daros mis condolencias''
Cuando dices ''¿Qué había de malo en contarle la situación? Nada malo iba a ocurrir, ¿no?'' al interpelar al lector alejas un poco a este del texto.
Creo que cuando escribes ''La campesina empujó la puerta, que se abrió sin esfuerzo, accediendo al interior'' estas dandoselo todo demasiado fácil al lector, quiza quedaría mejor ''La campesina empujó la puerta sin esfuerzo'', de modo que obligarías al lector a concentrarse cuando justo despues te situas ya dentro de la habitación, porque sin ser un salto excesivo que aleje al lector del texto es lo suficientemente grande como para captar toda su atención.
¿Continuara, segiras con la otra novela, o que haras luego en este ambito? A ver si consigo escribir yo tambien algo así de largo.
J. etc.- Sectario

- Fecha de inscripción: 13/11/2011
Re: Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
Ni idea. Tengo la novela tan abandonada y le veo tantos fallos que puede que empiece algo nuevo de cero.
_________________
El mundo no es estático, y si las raíces de nuestras percepciones y tradiciones se mantienen estáticas, entonces estamos condenados, opino yo, a un dogmatismo destructivo.
Es entonces cuando caemos sobre el lado más oscuro de esa arma de doble filo.
[right]Drizzt Do Úrden

Dasharai- _______________________

- Edad: 18
Fecha de inscripción: 02/10/2011
Re: Concurso de Navidad Sueños de Papel (Caminante)
Pedazo análisis, Juan... +1 (aunque no coincida en todo)
PD: Ánimo, Germán
¿Cuántas páginas llevas ya?
PD: Ánimo, Germán
_________________


Nat Graveyard- Coleccionista de Incunables

- Edad: 17
Fecha de inscripción: 16/05/2010

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