Un libro que continuaré en verano.

Ir abajo

Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Guripa Víctor el Mar 21 Mayo 2013 - 1:12

Bueno, os dejo el primer capítulo de un libro que estoy escribiendo. Lo he dejado un poco apartado, pero seguiré en cuanto acabe exámenes.

Empieza así:
Encendí la linterna. Aquella casa (si se le pudiera llamar casa a aquel montón de escombros) era un buen refugio contra la lluvia. Se oía lejanamente el sonido del agua chocando contra el duro suelo, como si fueran pequeños granos de arena. No se escuchaba nada más. Agachado, empecé a avanzar por lo que debía haber sido el salón. Esquivaba los restos de cristal o las astillas que encontraba por el habitáculo.
-Debía haber sido una bonita casa, pensé.
Con la tenue luz, en aquella fría y lluviosa noche, enfocaba los objetos que adornaban la habitación. Me paré en un marco roto que había en el suelo. Con mis guantes lo cogí y saqué la foto que contenía. Se veían unos alegres niños jugar en un jardín mientras los que debían ser sus padres, posaban para la foto sonrientes. Ojala todavía durasen esos tiempos en los que aún quedaba algo de inocencia.

Volví a meter en el marco la foto y la dejé con delicadeza en un estante de la única estantería que quedaba en pie. Me abrí camino con dificultad y llegue, tras un pequeño recibidor a la cocina. Parte del techo se había desplomado quizás por la explosión de alguna bomba y el agua fluía por las grietas que se habían abierto. Me dirigí a la despensa pues el frigorífico no era más que dos chapas mal dobladas en las que no quedaba comida alguna. La puerta de la despensa estaba impregnada con sangre proveniente, seguramente, de alguna “discusión” entre personas como yo, que buscaban comida.
Las repisas estaban vacías, apenas quedaban un par de latas cerradas y otro par abiertas que el último hombre que hubiera pasado por allí habría comido por no poder llevar más en su macuto. Cogí las dos latas que quedaban sin abrir y las metí en el mío sin dejar de mirar cada pocos segundos a la puerta que acababa de atravesar por si alguien entraba. Gozaba de un machete antiguo que mi abuelo me había regalado hace años y que se había convertido desde que empezó todo en mi mejor defensa.
Tenía demasiada hambre así que, sin observar el estado de la comida en las latas abiertas empecé a engullir lo que contenían. Apenas quedaban un par de albaricoques en almíbar algo mohosos y unos guisantes. Aquello, aunque no era ningún manjar por el estado en el que se encontraba me pareció exquisito. En cuanto terminé, me ceñí la mochila y rápidamente salí de aquel antro. Mientras me acercaba hacía la abertura por donde había entrado, los recuerdos inundaron mi mente. Recordé los días en los que íbamos en el tren a la ciudad para comer, comprar o simplemente estar para no aburrirnos. Recordaba como veíamos la política como algo lejano, sin darnos cuenta de que esta y no otra sería la causante de nuestra destrucción, de cómo la desunión entre nuestro propio pueblo había marcado nuestro fatal destino. Imágenes borrosas colapsaban mi mente. Los primeros disparos que oí se repetían en mi cabeza como un martillo el cual golpea un yunque.

Un soplo de aire helado recorrió mi cuerpo cuando alcancé la improvisada entrada de la casa situada en una esquina del salón. Todo estaba oscuro fuera. Llovía intensamente. A lo lejos, el repiqueteo de una ametralladora zumbaba levemente. Avancé ocultándome entre las sombras. Hasta mi respiración me parecía tan fuerte que podría ser escuchada. En la siguiente manzana giré con cuidado a la derecha y continué por una callejuela evitando las grandes avenidas, a pesar de los peligros que tenía el caminar por las noches por las calles secundarias. Las casas por las que pasaba se encontraban desvalijadas, y en muchos casos semidestruidas. La noche no era total y gracias a eso no tuve que usar la linterna (que habría llamado demasiado la atención) por el camino. En pocos minutos y con sumo cuidado llegué a unos bloques de pisos cuyos áticos estaban derruidos y donde las verjas estaban completamente aplastadas robadas o rotas por los actos vandálicos de la primera etapa de la guerra. Me dirigí a una abertura a ras del suelo que daba a un pequeño sótano de uno de los edificios abandonados. En él estaban mis escasas pertenencias. Se había convertido desde algunas semanas atrás en mi “casa” y pocas veces me alejaba de las cercanías de ese lugar. Lo poco que tenía eran complementos militares que conseguí robándolos a un militar muerto, unas latas con comida, una radio a pilas, que funcionaba gracias a que disponía de algunas y que no captaba mas señal que unos rezos árabes al amanecer, un fusil semiautomático sin munición y dos libros que me habían acompañado siempre. El primero se llamaba “Hacia el Padre”, un libro religioso al que tenía mucho aprecio y que había sido escrito en el campo de concentración de Dachau durante la segunda guerra mundial. El otro libro, era un libro de guerra. Trataba sobre el valor de un capitán que, cuando todo estaba perdido, resiste y sobrevive siendo ejemplo de heroísmo para los demás y consiguiendo al final, su ansiada libertad. Estos dos libros me habían, quizá, mantenido firme en los momentos más duros. La verdad es que guardaba especial predilección por el primero. Durante mi infancia no había sido un gran creyente ni mucho menos, tuve mis altibajos en cuanto a la fe pero todo puede cambiar y cambia de verdad. Desde entonces guardo con especial cariño aquel libro de oraciones que solía leer cuando me desesperaba, y que me daba fuerzas para continuar.
Cerré con un madero la entrada a mi “casa” y me agaché buscando el saco de dormir entre la mugre del suelo. Por los huecos que dejaba el madero al descubierto se podía ver por el día, pero en las noches, con solo la escasa luz que la luna reflejaba (ya que no había ni una sola luz en el exterior) la oscuridad era casi total. Utilicé de nuevo la linterna que sostuve en mi boca y recogí aquel azul objeto algo deshilachado que se había convertido en mi “confortable cama”. Extendí el saco y me metí dentro. Me fijé en una pequeña araña que recorría el techo de la habitación.
- Que feliz debe ser, alejada de todos los problemas de este mundo.-
De repente, resonó con fuerza mi estómago pidiéndome algo más que aquellos restos malolientes que había tomado. Abrí una lata que tenía ya desde hace unos días de lo que se suponía eran sardinas aunque, viendo como estaba el mundo me podía esperar cualquier cosa. La verdad es que tenía mucha hambre pues apenas había podido comer para así racionarme la poca comida que encontraba. Abrí la lata y me metí la primera sardina en la boca. Era una auténtica delicia comparado con lo que solía comer. Entre el racionamiento y la selección de alimentos apenas probaba conservas cerradas en espera de utilizarlas en momentos de mayor necesidad o de encontrar alguna otra lata abierta con algo de comida. Por lo menos yo no había caído ni en el canibalismo ni en la búsqueda de comida no digerida entre las heces de algún animal como había visto hacer a algún hombre moribundo. Vivía demasiado bien para esta época podía decir. Las 5 sardinas que contenía aquel pequeño bote me hicieron volver a sentir el gusto por la comida que hacía tiempo había perdido. Insatisfecho, pero con algo menos de hambre, me tumbé y pensando cerré los ojos.

Un rayo de luz me despertó al alumbrarme a los ojos. Estaba dolorido, somnoliento y hambriento. El otoño estaba acabando y pronto llegaría el invierno. Sentí al salir del saco una ráfaga de aire frío pero eso me hacía por otro lado sentir vivo, pues todo había resultado tan absurdo desde que había empezado que yo muchas veces pensaba que era todo un sueño. Muchas veces soñaba con aquella infancia que tuve, tan bonita muchas veces, aunque en esos momentos no me lo pareciese tanto. Dormía tan bien con esos sueños que al despertarme pensaba que lo que veía era el sueño y lo que soñaba era lo que realmente acaecía.
Me levanté y miré por las rendijas del tablón. Se veía la calle, no muy ancha, con alguna maceta solitaria en pie al otro lado y varias tiendas desvencijadas. El cielo a pesar de ser primeros de noviembre estaba azul resplandeciente y el sol brillaba con debilidad pero lo hacía, y eso me reconfortaba. Todo lo bueno que veía me parecía una razón de mas para vivir, hasta aquella tontería como era el cielo claro. Desgraciadamente la guerra había hecho tanto daño…
Pensé que quizás era ya hora de abandonar aquel escondrijo que tantas semanas llevaba usando; no era bueno estar mucho tiempo en el mismo sitio. Pero me convencí a mi mismo de que ya lo haría. Me puse mi guerrera, que me acompañaba hasta un final que, desde hacía tiempo siempre se me antojaba próximo.
Con cuidado corrí la tabla de madera a un lado y saqué la cabeza mirando a ambos lados de la calle por si venía alguien. Al ver que no era así me colgué la mochila al hombro y salí a la intemperie. El aire era frio, y el viento hacía que la sensación térmica bajase aun más pero, cuchillo en mano y con la mochila a los hombros estuve andando un buen rato. En principio salía por algo útil para dormir o sentirme mas cómodo pero según iba avanzando me convencí enteramente de que debía buscar otro refugio a las afueras para evitar encuentros no deseados, así que volví a mi refugio y lo recogí todo metiéndolo en mi macuto y volví a salir. Oía unos ruídos metálicos al final de la avenida, donde se extendía una pequeña explanada donde había una antigua estación de tranvía y metro. La estación había sido tomada literalmente por la vegetación que, en un año, había colonizado casi toda la ciudad. Fui caminando cerca de las paredes de los edificios, que me hacían de cobertura hasta que llegué a un pequeño alto de la calle y me interné en la maleza. Agachado, saqué la cabeza de entre las ramas para ver lo que se extendía por aquella calle que llegaba hasta aquella estación antaño concurrida y divisé como había quedado lo que un día habían dicho que era la periferia de la capital de España. Sobresalían de entre los árboles las ruinas de algunos edificios pero solo uno emitía humo aún; en la mayoría el fuego había consumido todo lo que fuera inflamable y los saqueos habían hecho el resto. Al estar aquella zona tan cerca del frente (unos 150 kilómetros según suponía) se había dejado morir lo poco que quedó de ciudad tras los combates de los primeros meses. Continué andando hasta que oí las chirriantes cadenas del MD-6 que venía desde la estación del Metro, que era además la primera parada de la línea del tranvía hacía mi posición por la Avenida de los poblados. Volví corriendo hacia los arbustos y agazapado empecé a escuchar atentamente lo que sucedía a mi alrededor. Al parecer habían capturado a unos rehenes que iban a ejecutar. Podía oír los gritos, comunes pero que aún me sonaban extraños, de unos y los lamentos de otros, estos ya si, en Español castellano y latino. De repente, unos sonidos de percutores acallaron las segundas. Sentía mucha rabia pero sabía que yo, armado con un simple cuchillo, no podría hacer nada contra hombres armados. Mientras el tanque pasó junto a los arbustos donde me escondía y con la respiración entrecortada yo había cerrado los ojos como si eso me salvase de una posible captura. De repente, una luz enfocó los arbustos e iba rotándose con unas casas cercanas. Un soldado salió por encima del tanque y con un megáfono empezó a hablar con un tono que se me empezaba a sonar normal:

- La verdadera libertad ha llegado, los que quieran seguirnos les acogeremos como hermanos contra aquellos otros que sigan la maldad del absurdo modelo occidental corrupto, uníos a nosotros en esta guerra santa.-

Los soldados que escoltaban el tanque eran los que habían matado a las personas que había oído gritar antes. Parecía que mi final había llegado aquella mañana, pero, afortunadamente, el tanque pasó de largo por el paseo y no se detuvo demasiado en contemplar minuciosamente los restos de una calle deshecha por las bombas. Aun así me quedé varios minutos más escondido para asegurarme de que ningún soldado se había quedado rezagado pudiendo ponerme en peligro.
“No debía seguir por aquellas calles tan anchas”, pensé. En otros momentos eran las calles anchas las más seguras para caminar, puesto que en los barrios que aún no habían sido “limpiados” por el enemigo, siempre había alguien dispuesto a silbar o gritar que se aproximaban soldados extranjeros, con lo que uno se podía esconder con la suficiente antelación. Que no te reconocieran como amigo (o que no quisieran hacerlo las bandas de ladrones sin bandera alguna que habitaban por estas zonas) era un peligro que había que correr, menor, sin duda, al de encontrarse, de repente, con exploradores enemigos o al de las calles estrechas, llenas siempre de peleas entre bandas, de minas de mano o de borrachos con miembros amputados. Debía de ir por las calles estrechas ahora que el peligro por el día disminuía para llegar hasta el límite de la Casa de Campo. Mi plan era el de seguir el consejo de unos camaradas que me había encontrado días atrás y que me habían proporcionado mi última ducha decente y una buena cena. Estos extraños personajes, que nunca respondían preguntas comprometidas sobre quienes eran o para quien trabajaban me habían dicho que en la Casa de Campo, en las cercanías del Lago, se había habilitado un pequeño refugio de rebeldes que mandaba grupos pequeños de personas hacia la sierra de Guadarrama, escapando del cerco de muerte en el que se había convertido la capital.
Antes de desviarme hacia el norte fui hacia el sitio donde había oído los disparos. Allí me encontré los cuerpos de tres personas tiradas en el suelo, cada una con un disparo en la nuca. Parecían tener los bolsillos llenos de cosas, así que, a pesar de lo horrendo que era el registrar a los muertos, tuve que hacerlo por si había algo que me pudiera servir. Encontré algo muy interesante. Un cargador que servía para mi fusil semiautomático (si es que este aún funcionaba). También encontré varias tarjetas de identificación, unos pañuelos y una pitillera, que cogí por si la necesitaba más adelante. No fumaba, pero quizá algún objeto pequeño si podía caber dentro, o la podía intercambiar por algo más adelante.
Caminé por calles secundarias un buen rato. Había por todas partes restos de banderas españolas. Lástima que nos hubiéramos unido todos tan tarde y hubiésemos dedicado tanto tiempo en discutir entre nosotros. Eran los restos del patriotismo que surge en el que no lo tiene cuando ve que todo lo que ha hecho durante tantos años un factor extranjero puede destruirlo por siempre. Es ese tipo de patriotismo que surgió en la primera guerra mundial e hizo fracasar la segunda internacional.
Me daba mucha lástima. Casi todos los habitantes de la zona o habían muerto o asesinados o de inanición, y solo una pequeña parte, los afortunados, había conseguido escapar a tiempo, aunque quizá su destino fuese aún peor.
Pronto encontré las verjas de las vías del Metro, que discurrían por la superficie en aquel tramo. Las seguí y llegué a la estación más próxima, cubierta de una vasta vegetación, aunque la puerta de entrada estaba casi libre de ella y las verjas de cierre forzadas, con lo que sabía que alguna o algunas personas habían entrado en el Metro. Lo que no sabía era quienes eran y si aún estarían allí. El sol estaba ya en su cenit y comenzaba a bajar.


El vestíbulo del Metro estaba adornado con los paneles de chapa que el ayuntamiento se había dedicado a colocar por todas las estaciones para que pareciesen más modernas años atrás. Muchas chapas estaban dobladas o caídas, dejando a la vista cables, hormigón y antiguos restos de azulejos, la antigua decoración que tendría esa estación. En el suelo había restos de sangre; restos que condujeron mi vista hacia la pared más oscura de la estación, donde un adolescente había pasado a mejor vida de un disparo quizá de escopeta, que le había seccionado todo el brazo izquierdo y le había empujado contra la pared, donde llevaba descomponiéndose bastante tiempo, a juzgar por el olor y las moscas. A su lado había una chica tirada en el suelo también muerta. Sabía de la adolescencia del chico por la camiseta que tenía puesta, donde la sangre dejaba ver “David… Felic… …fruta tus 17”, con letra de mujer. Seguramente la chica debía haber sido su novia, que se habría quedado con él en Madrid a pesar de lo que estaba pasando y había intentado regalarle algo por su 17 cumpleaños.
-Menudo día de cumpleaños- Pronuncié en bajo. Salté el torno y bajé las escaleras hasta el andén. Una pieza de artillería había disparado contra la estación y había dejado inaccesible una de las dos escaleras, que ahora solo era un hoyo con vistas al cielo madrileño. El andén estaba al aire libre y me acordé al verlo de que yo ya había estado allí. Había sido una tarde lluviosa. Yo había quedado e iba en un vagón hacia Aluche. Cuando el tren paró en aquella estación la lluvia empezó a entrar en el vagón y pensé que aquello se iba a inundar.
De aquella tarde habían pasado ya varios años, pero lo recordaba próximo a mí. Bajé a las vías y enfilé el oscuro túnel que me llevaría a la siguiente estación. Ya había estado antes en el Metro, donde se podía decir sin temor a equivocarse que había de todo. El Metro era el refugio de cientos de personas que no habían podido salir de Madrid y querían un escondite seguro, al menos en apariencia. Si ni siquiera una fuerza militar como la que estaba asentada en la ciudad era capaz de controlar la superficie mucho menos el subsuelo, y era aquí, entre hormigón, vagones, chapas y ratas donde había surgido una extraña red de ciudades (si se podía llamar así a las estaciones), cada una con su rol. Había visto estaciones que tenían habitaciones hechas con madera donde se alojaban familias enteras, mientras que otras eran simplemente grandes casas de putas, guaridas de bandidos o arsenales de contrabando. Algunas de ellas estaban llenas de gente, como la estación de Sol, pero toda ella fue aniquilada con gas venenoso hacía unos meses según me contaron. No se sabía si alguien había sobrevivido y tampoco si se había vuelto a repoblar esa estación. Las bombas que habían caído en la ciudad ayudaban a hacer de las estaciones fortalezas casi inexpugnables, dado que la mayoría de las entradas estaban destruidas y si no lo estaban los propios habitantes de la estación se habían encargado de derrumbar o tapiar los accesos para hacer más difícil la entrada. También el enemigo tenía varias estaciones ocupadas como base debido a que estas, al estar bajo tierra, eran perfectas para pasar inadvertidas por los aviones sin tripulación que se mandaban desde el territorio libre.
Había vivido incluso durante dos meses con unos extraños personajes que decían que eran de Getafe hasta que uno de ellos intentó matarme para robar mis pertenencias. Suerte que tenía el cuchillo cerca y pude con él. Desde entonces no había vuelto a pisar el Metro.
Los carteles publicitarios que aún quedaban en los paneles sin cristal susurraban levemente que el sol pronto lo ocultarían unas nubes que empezaban a acercarse desde el norte. Una gran columna de humo se había levantado en aquella dirección, lo que podía significar cualquier cosa, desde la destrucción de una fábrica a la quema de un bosque. Fuera lo que fuese pronto lo iban a apagar las lluvias que se aproximaban.
Suspiré profundamente, sabiendo que lo que había allí dentro no iba a ser de mi gusto y empecé a caminar mientras encendía la linterna con baja intensidad y la acoplaba al fusil.
-Son solo un par de estaciones antes de volver a ver la luz- me dije para tranquilizarme, aunque el efecto era más bien el contrario. La verdad es que intentar cruzar la carretera de Extremadura por la superficie habría sido un suicidio, pero la alternativa no era muy halagüeña.
Pronto la oscuridad me envolvió. Cogí mi fusil con fuerza ahora que tenía unas 7 balas que podía disparar y avancé entre las silenciosas tinieblas, como el que avanza vendado hacia un precipicio. Y si. Lo que habría allí dentro no sería de mi gusto.
avatar
Guripa Víctor
Juglar
Juglar

Edad : 24
Fecha de inscripción : 28/10/2012

Ver perfil de usuario http://herederosdeldesastre.blogspot.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Liz02 el Mar 21 Mayo 2013 - 10:24

Esta muy entretenido, ahora me quedo con ganas de leer mas :3
avatar
Liz02
Orador primerizo
Orador primerizo

Edad : 23
Fecha de inscripción : 20/05/2013

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Martín-Andrés el Miér 22 Mayo 2013 - 23:40

mola mucho!!!

me gustaría que siguiera.
avatar
Martín-Andrés
Sofista
Sofista

Edad : 23
Fecha de inscripción : 12/06/2010
Humor : Soy

Ver perfil de usuario http://www.serente.wordpress.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Guripa Víctor el Miér 22 Mayo 2013 - 23:43

Tengo el segundo capítulo terminado. En su momento si os parece lo pongo aquí, pero ya para más capitulos compren mi libro, disponible en librerías en 18 de junio de 2022.
avatar
Guripa Víctor
Juglar
Juglar

Edad : 24
Fecha de inscripción : 28/10/2012

Ver perfil de usuario http://herederosdeldesastre.blogspot.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Gabriel-M el Miér 22 Mayo 2013 - 23:53

Da un ejemplar por vendido!!
avatar
Gabriel-M
Aprendiz
Aprendiz

Edad : 22
Fecha de inscripción : 19/03/2013
Humor : Podria ser peor, podria llover

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Martín-Andrés el Miér 22 Mayo 2013 - 23:56

yo calculo que para entonces ya seré un parado más, así que tendras que hacer versión de bolsillo
avatar
Martín-Andrés
Sofista
Sofista

Edad : 23
Fecha de inscripción : 12/06/2010
Humor : Soy

Ver perfil de usuario http://www.serente.wordpress.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Liz02 el Jue 23 Mayo 2013 - 10:00

Me tendras esperando hasta 2022? Sad yo queria leer ahora D:

pero bueno, se comprara jejeje
avatar
Liz02
Orador primerizo
Orador primerizo

Edad : 23
Fecha de inscripción : 20/05/2013

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Fernan el Jue 23 Mayo 2013 - 10:54

¡Eyyyyyyyyy! Pues mola mucho, se ve muy interesante. Y ya se cansa uno de ver siempre apocalipsis "made in USA". xD
Me has dejado con la intriga, así que comparto la opinión de Liz02, da un ejemplar por vendido, pero me vas a matar de incertidumbre. jajaja

__________________________________________________

El conocimiento es poder, y todo poder requiere sacrificio...
avatar
Fernan
Nigromante digital

Edad : 23
Fecha de inscripción : 03/09/2011
Humor : De todo tipo

Ver perfil de usuario http://4000kroot.blogspot.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por iparra el Jue 23 Mayo 2013 - 11:01

Lo leere en cuando tenga tiempo. Pero parece que al resto el gusta. Eso es buena señal.
avatar
iparra
Divulgador
Divulgador

Edad : 24
Fecha de inscripción : 18/11/2011
Humor : ninguno

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Martín-Andrés el Jue 23 Mayo 2013 - 19:35

este último comentarios es de esos que son casi tan productivos como intentar enseñarle a una oveja a hablar

XD Smile Twisted Evil jocolor geek
avatar
Martín-Andrés
Sofista
Sofista

Edad : 23
Fecha de inscripción : 12/06/2010
Humor : Soy

Ver perfil de usuario http://www.serente.wordpress.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por iparra el Jue 23 Mayo 2013 - 19:57

Martín-Andrés escribió:este último comentarios es de esos que son casi tan productivos como intentar enseñarle a una oveja a hablar

XD Smile Twisted Evil jocolor geek

Este ultimo comentario tuyo? O los comentarios anteriores?
avatar
iparra
Divulgador
Divulgador

Edad : 24
Fecha de inscripción : 18/11/2011
Humor : ninguno

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Martín-Andrés el Jue 23 Mayo 2013 - 21:42

pero hombre que era un broma joder...
avatar
Martín-Andrés
Sofista
Sofista

Edad : 23
Fecha de inscripción : 12/06/2010
Humor : Soy

Ver perfil de usuario http://www.serente.wordpress.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por iparra el Jue 23 Mayo 2013 - 21:52

La falta gramatica tambien era una broma?

"Este ultimo comentarios..." con mi comentario me referia a esto.
avatar
iparra
Divulgador
Divulgador

Edad : 24
Fecha de inscripción : 18/11/2011
Humor : ninguno

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Fernan el Jue 23 Mayo 2013 - 22:22

¡Soooooooooooooooooooooo!
Martín, creo que Iparra preguntó inocentemente, que de verdad no había pillado el chiste, no hay que enfadarse! xD
(Y por su último comentario creo que sigue sin pillarlo jajaja)

Haya paaaaaaaassss!

__________________________________________________

El conocimiento es poder, y todo poder requiere sacrificio...
avatar
Fernan
Nigromante digital

Edad : 23
Fecha de inscripción : 03/09/2011
Humor : De todo tipo

Ver perfil de usuario http://4000kroot.blogspot.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Nat Graveyard el Mar 28 Mayo 2013 - 16:48

Víctor, tengo parte de la corrección que me pediste hace tiempo. Me he encargado de lo que puramente compete al corrector y, dado que lo colgaste en el foro, se lo enseñé también a Gon, que es muy buen corrector de estilo y de trama (en mi humilde opinión Razz ). Si quieres, un día lo miramos con tranquilidad, hay mucho que mejorar si así lo quieres Wink

__________________________________________________
avatar
Nat Graveyard
Coleccionista de Incunables

Edad : 24
Fecha de inscripción : 16/05/2010
Humor : Saliendo del subsuelo

Ver perfil de usuario http://paperdreams.0forum.biz

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Martín-Andrés el Miér 29 Mayo 2013 - 16:49

mis grämatica son perfectamentes. No sepo de pórque me estés hablandos
avatar
Martín-Andrés
Sofista
Sofista

Edad : 23
Fecha de inscripción : 12/06/2010
Humor : Soy

Ver perfil de usuario http://www.serente.wordpress.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por iparra el Miér 29 Mayo 2013 - 21:56

Mal en lengua? Eso no posible es.
avatar
iparra
Divulgador
Divulgador

Edad : 24
Fecha de inscripción : 18/11/2011
Humor : ninguno

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Sir Lothbruck el Sáb 22 Jun 2013 - 0:08

Me recuerda a Metro : 2033 versión española. Muy entretenido. Felicidades por tu trabajo, compañero.
avatar
Sir Lothbruck
Novato
Novato

Fecha de inscripción : 20/06/2013
Humor : Victoriano

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Un libro que continuaré en verano.

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.