El motín de San Antonio

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El motín de San Antonio

Mensaje por Sir Lothbruck el Jue 20 Jun 2013 - 19:09

Parte primera

Las casas se erigían sobre el ocre paisaje como dientes blancos que emergen de las encías de la tierra. La tarde, veraniega. El sol, en lo alto, daba calor y lumbre de tal forma que se podía cocinar un huevo sin necesidad de Carmela (Nota de autor: Carmela era el nombre popular con el que era conocida la sartén , un invento español, durante el siglo XIX y bien entrado el siglo XX) 

Las calles del poblado estaban desiertas, salvo algún gato dando tumbos en alguna callecita. Todo estaba tranquilo, salvo la plaza del pueblo.


-¡Demasiado, hemos aguantado demasiado! 

Una salva de aplausos y vítores por parte de los aldeanos ponía la guinda en el discurso del agitador, un hombre alto, con grandes bigotes canosos, como los de una morsa. Vestía un traje gris, una camisa blanca y una corbata negra, ¡si hasta parecía un enterrador!

-José nos pide cada vez más y más, pero... ¿Cuánto más aguantaremos? Ese cacique engreído...¡ese señorito! ¿Se cree que somos sus esclavos? ¡Jamás!

Otra tanda de vítores aclamaban al orador, pero pronto se vio interrumpido por un sonido, no más alto, pero sí mayor.

-¡Está bien, basta ya, paso a la Guardia Civil!

Los susurros se propagaron por la multitud, los más cautos se fueron, pero los más valientes y convencidos de sus ideales se quedaron en la plaza. La pareja de guardias civiles, atraviados con el uniforme rojo y con tonos azulados que tanto les caracterizaba, iba armada con dos rifles Mauser de fabricación nacional (Nota de autor: los rifles Mauser alemanes se fabricaron, bajo licencia, en nuestro país desde 1888 hasta 1950) 

-Viene usted con nosotros, Señor Roberto, queda usted arrestado.
-Está bien, iré, me someto a mi arresto, que aunque injusto, tendrá consecuencias.

Los dos guardias se intercambiaron una mirada, uno de ellos bajó el fusil para palparse su velludo bigote, y a limpiarse con un trapo el sudor que caía de su frente, probablemente provocado por el tricornio. No estaba muy acostumbrado a que lo amenazasen de aquella forma.

De pronto, un tomate calló desde uno de los balcones e impactó de lleno en la cara del Guardia. A este ''tomatazo'' se le unieron muchos más, pero las frutas y verduras empezaron a transformarse en piedras, y las piedras, en balas de las escopetas de caza. Uno de los guardias civiles fue alcanzado en el muslo mientras huía a lomos de su corcel andaluz, y al otro, se le cayó el tricornio durante su torpe huida.

Roberto miraba con una mezcla de sensaciones a la multitud allí reunida que vitoreaba: ''¡Abajo la Guardia, viva San Antonio!'' por un lado mostraba esperanza, esperanza por su gente, esperanza por un futuro mejor en su comunidad. Por otro lado mostraba certeza, la certeza en que en aquellos días, en  San Antonio se derramaría sangre, la sangre de sus amigos, hermanos y vecinos, la sangre de España.
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Re: El motín de San Antonio

Mensaje por Martín-Andrés el Vie 21 Jun 2013 - 12:10

No entiendo muy bien, cuáles son tus intenciones. XD

Pero literariamente está bien, según mi opinión
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Re: El motín de San Antonio

Mensaje por Fernan el Vie 21 Jun 2013 - 18:06

Coincido con Martín. Eso sí, supongo que en las siguientes cosas quedará todo más claro.
Sigue así, compañero! Smile

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Re: El motín de San Antonio

Mensaje por Sir Lothbruck el Vie 21 Jun 2013 - 23:55

Parte segunda




-Telegrama a Madrid.
-Sí, señor.

Los dos hombres se encontraban en la lúgubre oficina de la Guardia Civil de San Antonio, al Norte de la localidad, lejos de los sucesos conocidos ya como ''el motín''. El Coronel Calatrava caminaba de un lado a otro de la estancia, el sudor le brotaba de la frente sin remedio, en aquella oficina el calor se multiplicaba por dos. Su compañero, el Capitán Esteban escribía a lápiz el telegrama que debía transmitir, este último, más jóven, tenía un espeso bigote, que contrastaban con las pobladas patillas del Coronel.

-Motín en San Antonio. Pausa. Se solicitan instrucciones. Pausa. Cientocincuenta civiles armados improvisadamente. Pausa. Coronel Calatrava. Pausa. Comandancia General.  ¿Todo bien?

Una pausa, una pausa en la que el reloj de la pared traqueteaba con su característico sonido al compás de los minutos de la tarde.

-Sí señor, copiado, señor.
-Bien, vigile el cuartelillo, aposte dos guardias en la entrada, turnos cada dos horas. ¿Entendido?
-Sí señor, entendido.
-Bien. Que Dios nos guarde en su seno. ¡Viva el Rey!
-¡Viva el Rey, mi coronel!

Cogió su tricornio del escritorio de madera de roble y se colocó en la cabeza. Se dirigió hacia la puerta y salió de allí.



La orquesta tocaba una zarzuela en la plaza, aquella que se había convertido en símbolo de liberación, la liberación de San Antonio. Un grupo de hombres barbudos, ataviados con trajes de chaqueta, discutían alrededor de una mesa de mimbre que habían colocado junto a la fuente central.

-¿Has telegrafiado a Alcobendas?
-No, Manolo, aún no...
-¡Necesitamos algo de apoyo en esta lucha, ¡somos inurrectos por culpa de algunos catetos de pueblo!
-¡Un respeto, ese era mi primo!
-¡Y la puta tu vecina!
-Ella no es puta, simplemente se gana unas pelas
-Oye Damián, ¿qué es de tu hijo?
-Pues allá está, en Francia, buscándose la vida en la Legión.

Roberto dio un golpe a la mesa, levantándose. Su mirada irradiaba ira, decepción.

-¿No os dais cuenta? - escupía sus palabras - Esto es una locura de la que nunca quise verme envuelto, ¡yo solo soy un sindicalista! Pero si he de morir, moriré. Estoy cansado de vivir en un país donde el cura vive mejor que el feligrés y el señorito vive mejor que los cientos de campesinos que lo sustentan juntos. Estoy cansado de que nuestros hijos no vayan a la escuela, de que el hospital más cercano que tengamos sea el del Ejército, de que vayamos a una guerra civil cada cinco años, de los carlistas, de los reaccionarios. ¡Estoy harto de toda esa gente! 
Siempre mandan los mismos, sosteniendo su poder en los mismos. El rico paga cuatro perras gordas a los que trabajan de sol a sol. Y nosotros, amigos míos, ¡qué futuro le dejaremos a esta juventud! 

El silencio se hizo en el grupo, que uno a uno, se fueron poniendo en pie.

-Bien - dijo uno de los presentes - mañana cerraré la carretera al pueblo con mis chicos, veremos a ver si los pastores se nos unen...seguro que no están aún enterados de esto, seguramente la Guardia ya halla informado a Madrid.

-¡Son los reaccionarios de siempre, los curas, los militares y los caciques! - gritaba el más anciano, moviendo su bastón. Su mirada azulada mostraba fuerza y juventud que su físico no poseía, mostraba certeza, mostraba valentía.

-Mañana iremos a por el cura, ¿está claro? Ese cabrón no se salva, todo el mundo sabe que se le va la mano en las catequesis con las jóvenes. Sinvergüenza. Y a por ese bastardo, a por Don José, que de seguro se está cagando en los pantalones, ¡como poco!

-Caballeros - volvió a interrumpirlos Roberto, alzando la mano - estamos haciendo historia, ¡viva San Antonio!
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Re: El motín de San Antonio

Mensaje por Nat Graveyard el Vie 12 Jul 2013 - 2:31

Sir Lothbruck escribió:
Parte segunda

-Telegrama a Madrid.
-Sí, señor.
Los dos hombres se encontraban en la lúgubre oficina de la Guardia Civil de San Antonio, al Norte de la localidad, lejos de los sucesos conocidos ya como ''el motín''. El Coronel Calatrava caminaba de un lado a otro de la estancia, el sudor le brotaba de la frente sin remedio, en aquella oficina el calor se multiplicaba por dos. En aquella oficina, el calor se multiplicaba por dos. Su compañero, el Capitán Esteban escribía a lápiz el telegrama que debía transmitir, este último, más joven, tenía un espeso bigote, que contrastaban con las pobladas patillas del Coronel. Queda ambigua, no se entiende bien lo que quieres decir.
-Motín en San Antonio. Pausa. Se solicitan instrucciones. Pausa. Cientocincuenta civiles armados improvisadamente. Pausa. Coronel Calatrava. Pausa. Comandancia General. ¿Todo bien?
Una pausa, una pausa en la que el reloj de la pared traqueteaba con su característico sonido al compás de los minutos de la tarde.
-Sí, señor, copiado, señor.
-Bien, vigile el cuartelillo, aposte dos guardias en la entrada, turnos cada dos horas. ¿Entendido?
-Sí, señor, entendido.
-Bien. Que Dios nos guarde en su seno. ¡Viva el Rey!
-¡Viva el Rey, mi coronel!
Cogió su tricornio del escritorio de madera de roble y se colocó en la cabeza. Se dirigió hacia la puerta y salió de allí.

La orquesta tocaba una zarzuela en la plaza, aquella que se había convertido en símbolo de liberación, la liberación de San Antonio. Un grupo de hombres barbudos, ataviados con trajes de chaqueta, discutían alrededor de una mesa de mimbre que habían colocado junto a la fuente central.
-¿Has telegrafiado a Alcobendas?
-No, Manolo, aún no...
-¡Necesitamos algo de apoyo en esta lucha, ¡somos insurrectos por culpa de algunos catetos de pueblo!
-¡Un respeto, ese era mi primo!
-¡Y la puta tu vecina!
-Ella no es puta, simplemente se gana unas pelas.
-Oye, Damián, ¿qué es de tu hijo?
-Pues allá está, en Francia, buscándose la vida en la Legión.
Roberto dio un golpe a la mesa, levantándose. Su mirada irradiaba ira, decepción.
-¿No os dais cuenta? -Escupía sus palabras.- Esto es una locura de la que nunca quise verme envuelto, ¡yo solo soy un sindicalista! Pero si he de morir, moriré. Estoy cansado de vivir en un país donde el cura vive mejor que el feligrés y el señorito vive mejor que los cientos de campesinos que lo sustentan juntos. Estoy cansado de que nuestros hijos no vayan a la escuela, de que el hospital más cercano que tengamos sea el del Ejército, de que vayamos a una guerra civil cada cinco años, de los carlistas, de los reaccionarios. ¡Estoy harto de toda esa gente! Siempre mandan los mismos, sosteniendo su poder en los mismos. El rico paga cuatro perras gordas a los que trabajan de sol a sol. Y nosotros, amigos míos, ¡qué futuro le dejaremos a esta juventud! 
El silencio se hizo en el grupo, que uno a uno, se fueron poniendo en pie.
-Bien -dijo uno de los presentes- mañana cerraré la carretera al pueblo con mis chicos, veremos a ver si los pastores se nos unen.. seguro que no están aún enterados de esto, seguramente la Guardia ya halla informado a Madrid.
-¡Son los reaccionarios de siempre, los curas, los militares y los caciques! -gritaba el más anciano, moviendo su bastón. Su mirada azulada mostraba fuerza y juventud que su físico no poseía, mostraba certeza, mostraba valentía.
-Mañana iremos a por el cura, ¿está claro? Ese cabrón no se salva, todo el mundo sabe que se le va la mano en las catequesis con las jóvenes. Sinvergüenza. Y a por ese bastardo, a por Don José, que de seguro se está cagando en los pantalones, ¡como poco!
-Caballeros -volvió a interrumpirlos Roberto, alzando la mano- estamos haciendo historia, ¡viva San Antonio!

La primera parte, sin embargo, tal y como comentan mis amigos no tiene tacha, está muy bien escrita.
¿Cuál es tu objetivo, propósito, con estos pequeños relatos? ¿Vas a unirlos metiendo chicha entre medias o vas a continuarlos en el mismo tono narrativo -véase, discurso grandilocuente-? Si pretendes encadenarlos y generar un conjunto con ellos ten cuidado, las escenas valerosas tienen que administrarse con cuidado, les hace falta un trasfondo si no son meramente un relato corto al margen de todo, y una preparación.
Mi consejo, si se me permite, desarrolla más, que tienes material de sobra con esto como para mínimo triplicar su extensión. Deja que el texto y los personajes respiren. Todo esto, sin embargo, presuponiendo que lo que quieras sea hacer una historia larga y no meramente relatos cortos, "extractos" de una historia mayor.

Espero poder ayudarte Wink

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Re: El motín de San Antonio

Mensaje por Sir Lothbruck el Dom 14 Jul 2013 - 20:16

Parte tercera

La noche había caído en el pueblo, a lo lejos se oía a un galgo ladrar. La luna llena brillaba en lo alto del paisaje andaluz, iluminando, aún más si cabe, el blanco de las casas.

Un coche blindado patrullaba las calles más alejadas de la plaza y más cercanas al Cuartelillo de la Guardia Civil que estaba situado a las afueras del pueblo.

La Armería Don Alfonso La Torre estaba protegida por una escuadra de Guardias Civiles, que habían montado una garita y habían colocado un par de sacos de arena. Un guardia civil fumaba tranquilamente apartado del puesto.

Diez figuras agazapadas caminaban por los laterales de las callejuelas, dirigiéndose hacia la armería, diez fantasmas de la libertad, la libertad que se cernía sobre el pueblo de San Antonio.

Un disparo en la noche con una escopeta de caza desde uno de los balcones que daban a la armería.
El tirador fumaba, contento por su caza, un tricornio con el rango de suboficial, la calada, victoriosa.

-¡A sus puestos, alarma, alarma!

Pero era demasiado tarde, las diez figuras se abalanzaron sobre el puestecillo armados con cuchillos, navajas y escopetas de caza.

El forcejeo fue duro, los guardias civiles estaban sorprendidos por aquel feroz ataque, intentaron defenderse, uno de ellos abatió a uno de los asaltantes antes de que le clavase unas tijeras de esquilar que tenía en las manos. Pero fue en vano, otro sujeto le dio dos puñaladas en el costado con una navaja de afeitar.

En cuestión de minutos la Armería había sido tomada por la Junta Popular de San Antonio (JPSA), como se habían hecho llamar los amotinados; pero el ajetreo no había pasado desapercibido, el coche blindado se dirigía hacia la posición de donde venían los disparos.

El vehículo automotor giro su torreta hacia la garita tomada. Los campesinos, temerosos, se agazaparon como pudieron entre los sacos.

Hubo silencio.

De pronto, la ametralladora empezó a sonar, a escupir muerte, las balas eran imprecisas, pero el destino hizo que una ráfaga cayera sobre otro de los rebeldes.

-¡Paqui, trae el vino, rápido! -Gritó el tirador del balcón.- ¡Tráelo ya!

-¿Pero es que piensas emborracharte ya? ¿No oyes lo que pasa fuera? ¡Ay, que me los van a matar!

-¡Tráelo, joder!

Al poco tiempo el ''Héroe de los Balcones'', como sería conocido días después, arrojó una temida arma, adorada y odiada de igual manera por oprimidos y opresores.

Las llamas envolvieron al vehículo de muerte. Un tripulante, preso del pánico, salió del coche, pero fue abatido por el grupo de la garita. En pocos instantes, habían sido abatidos los otros dos tripulantes, el conductor y el copiloto.

Las llamas iluminaron los rostros de aquellos hombres que se levantaron, con gesto compungido, de su parapeto.

El pueblo ya podía luchar dignamente.




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