Rimiareth

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Rimiareth

Mensaje por Lis el Vie 14 Mar 2014 - 19:49

Rimiareth fue antaño el yacimiento minero más próspero en la Primera Edad. En los primeros años de la Segunda el antiguo pueblo experimentó una expansión considerable, y a mediados de esa edad ya se había convertido en un importante centro urbano del reino de Cinamoll. La ciudad fue erigida en un valle entre tres montañas, la zona central es la más antigua y en ella se encuentran el mercado y las zonas públicas, pero las clases altas viven en las zonas más elevadas. Es un lugar apartado y muy agradable para vivir.


- Según como la describe Fiora Helsern: Rimiareth, una minuciosa ciudad en la falda de una montaña. Sí, he dicho minuciosa: nuestros estimados antepasados debieron aburrirse mucho durante los inviernos para cubrir todas las paredes de piedra, de una ciudad excavada en la piedra, con infinitos dibujos geométricos. No hay dos iguales, y el sitio no es precisamente lo que se dice pequeño.
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Re: Rimiareth

Mensaje por Nat Graveyard el Vie 14 Mar 2014 - 19:55

Una ligera brisa se filtró por los resquicios de las paredes de roca. El viento fresco del otoño en las montañas arrastraba consigo una extraña humedad desde el norte, arrancando de cuajo las hojas que resistían en los árboles caducos de esta región de la Cordillera de las Brumas. Baste decir que no eran muchos, si bien fuertes.

Me arrebujé bajo la manta sin conseguir conciliar el sueño. El fuego chisporroteaba mansamente en el hueco de la chimenea, ensuciando progresivamente el suelo con su perfumada ceniza. Sin embargo, su luz en la oscuridad era mucho mayor que el débil calor que emitía. Saqué un pie fuera de la cama, apretándolo contra el frío suelo de piedra evitando la alfombra de piel que invadía la mayoría de la superficie de la habitación. No me puse la bata, ni el abrigo, ni las botas. Abrí la pesada puerta del balcón de par en par y salí afuera, con un ligero camisón. La fina lluvia que había estado cayendo hasta poco antes mojó mis pies, haciendo que estos se estremecieran con agrado. Incliné la cabeza hacia un lado echando el pelo sobre mi hombro izquierdo y mis manos separaron tres mechones; comencé a trenzar, até el final con un girón de tela que llevaba en la muñeca. Las montañas pugnaban por estrechar el horizonte Rimiareth y protagonizar el espectáculo de cantos afilados y cumbres nevadas que se ofrecía casi desde cualquier rincón de la ciudad de roca. Así dos trozos del bajo de mi camisón y los até entre mis piernas improvisando un práctico pantalón mientras me daba media vuelta para enfrentar las paredes de mi casa. Subí un pie a la barandilla, enganché mis dedos en la piedra que moldeaba una ventana y me impulsé hacia el tejado de montaña que reinaba hasta donde la vista no lograba alcanzar. Era un ascenso impregnado de la amabilidad de la rutina del peligro, factor del que en mi opinión carecía si conocías el camino. Llegué a un saliente de la montaña casi del tamaño de mi cama y me senté con los pies colgando en el vacío. Cerré los ojos y respiré hondo. Una. Dos. Tres veces el aire helado limpió mis pulmones. Me tumbé más estirada de lo que permitía el lugar, al borde del precipicio, con parte de las piernas y de los brazos flotando en la nada. El frío del agua y la roca caló a través de la tela que me envolvía. Me relajé.

Los últimos días habían comportado reflexiones que afectarían muy a largo plazo, decisiones que requerían de soluciones extremas para poder solventarlas si uno se arrepentía, remedios que quizá fueran más caros de lo que uno pudiera llegar a pagar y peores que la propia enfermedad. Era camino sin más salida que el vacío sobre el que pendía la mitad de mi cuerpo… Sin embargo, aún parecía que la situación podía dar algo más de sí antes de que todo se viniera abajo.

Tonterías, no eran más que tonterías. Mi mente gustaba en especial creando párrafos melodramáticos distorsionando para un escenario la vida real. Había salidas, y no era algo tan, tan, tan horripilante. Tan sólo… más que bastante molesto, aunque casi inevitable. Lis me daría un buen capón por soñar que hubiera podido librarme del matrimonio, aunque a ella le fastidiaba de sobremanera el factor “conveniencia”… Bueno, tampoco había mucho de qué quejarse. Al fin y al cabo, nuestro padre pretendía casarnos nada menos que con los descendientes del trono de Cinamoll. Pero por muy galantes que fueran, estar ligada a palacio no me hacía ni pizca de gracia, ni a palacio ni a nadie en ese grado. Además, podrían ser todo lo instruidos y talentosos que quisieran, pero la vida en la corte no te hacía callos en los pies. Unos buenos callos, duros, una suela de zapato cuyo desgaste era inversamente proporcional a su uso que además no había forma de perder… Salvo no usándolos.

De pequeña, no cesaba de llevarme una regañina tras otra por destrozar los elegantes e incomodísimos zapatos que debía “lustrar”. No eran prácticos, y a la mínima que tuviera que correr por zonas escarpadas, fuera de los delicados caminos de piedra, les arrancaba sin piedad el pequeño tacón que tenían o, si disponía de algo más de tiempo, me esmeraba en cortarlos con una piedra afilada hasta casi hacerlos desaparecer. Luego aprendí… Con diez años acondicioné unos cuantos huecos desperdigados por los lugares que más transitaba para dejar ahí los zapatos y las medias, e ir descalza. Al principio, lo peor fue el frío. Y más que por mí, por mi hermana, a la pobre mis resfriados de una tarde le duraban una semana. En mi defensa diré que esa vez la idea fue sugerida por Nardeth poco antes de marchar a la corte con padre para continuar con su formación y elegante entrenamiento. Demonios, suerte de hombres…

Me incorporé, furiosa, en parte porque se me había ido al traste mi intento de relajación montañero casi infalible y por la situación en la que estaba. El viento me amonestó adhiriéndome el camisón mojado a la espalda haciendo que lo sintiera diez veces más frío. Empecé a descender por la ladera de la montaña de forma brusca, saltando, intentando cortarme casi a propósito algo más la planta de los pies, como cuando era pequeña. Por suerte, ahora no me hacía falta apenas más que lavarlos con agua para evitar infecciones, en vez de complicados vendajes que me permitieran andar sin manchar las medias. Otra ventaja era el tamaño y forma de mis pies: pequeños y estrechos, mis durezas no me impedían encontrar “zapatos finos”. Me agarré con la izquierda a un saliente y solté violentamente mis extremidades diestras de la pared de roca. Aguanté. Repetí la operación cuatro veces más y cambié de lado para compensar el ejercicio. Si no me calmaba intentando relajarme, me cansaría para volver a la cama.

El horizonte parecía clarear cuando decidí bajar hasta mi balcón después de haber estado jugando sobre el vacío durante algo más de una hora. El fuego que antes crepitaba en la chimenea sin calor había muerto definitivamente, las sábanas de mi lecho estaban húmedas por el frío viento que se había estado colando a través del ventanal. Deshice el nudo de mi camisón, la trenza… y me quedé dormida jugueteando con el lazo, destapada, y con todo lo que daba al exterior abierto de par en par.

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Re: Rimiareth

Mensaje por Lis el Vie 14 Mar 2014 - 19:57

La grisácea luz del amanecer que se mezclaba con la tenue y temblorosa llama del candil, que estaba sobre la mesilla, me hizo darme cuenta de que había vuelto a pasar la noche en vela leyendo, otra vez.  Con un suspiro de satisfacción cerré el libro que ya había terminado, me recosté en la almohada y cerré los ojos. Pero sabía que no me podría dormir.
Apenas lo había logrado en esa última semana, desde que llegó la carta de mi hermano: Esta vez las súplicas a mi padre no habían servido para nada, tanto mi hermana como yo debíamos casarnos, mi hermano había sido la última carta que me quedaba, y él tampoco había logrado convencer a nuestro padre. Me arrebujé entre las mantas tratando de entrar en calor, la chimenea se había apagado durante la noche y el cuarto estaba frío. No quería casarme, y menos por conveniencia por muy apropiados que fueran los pretendientes, en opinión de mi padre. Tenía que haber alguna solución para ese problema…Aparte de la propuesta por mi alocada hermana, que consistía en coger lo imprescindible, robar dos caballos de las cuadras y huir al abrigo de la noche. Recordé la cara de determinación de Fiora al proponer ese plan que había calculado al milímetro y rompí a reír; aunque ese no había sido su plan más descabellado…
Di unas cuantas vueltas en la cama hasta levantarme resignada, me cubrí con una bata y abrí las ventanas: parecía que había llovido durante la noche y el aire era frío y limpio…Iba a añorar Rimiareth. Adoraba la casa de nuestra abuela donde habíamos vivido desde que éramos niños, y tenía una biblioteca inmensa, la niña de los ojos de nuestro abuelo, como le gustaba decir con malicia a la abuela. Claro que quería volver a ver a mi padre, y me moría de ganas de volver a ver a mi hermano, habían pasado años desde que ambos se fueron a la corte para que Nardeth continuara su educación. El viento de las montañas me hizo estremecer así que cerré la ventana, ese clima nunca había sido muy bueno para mi salud y de niña pasaba más tiempo dentro que fuera pero Fiora siempre lograba hacerme soltar los libros con la promesa de algún escondite nuevo, un lugar donde construir un refugio secreto, una broma que gastarle a Nardeth o a nuestra abuela…Y mi hermano traía a escondidas animales a casa para curar sus heridas o se escondía conmigo en la biblioteca cuando le perseguía nuestra abuela por haber hecho estallar algo, o por romper, dañar o perder algo en alguno de sus experimentos para probar nuevos inventos.
Encendí algunas velas, aún no había suficiente luz y me quedaba alguna cosa por empaquetar. Me vestí rápidamente y seguí donde lo había dejado la noche anterior: guardando libros y escondiendo armas de mi hermana entre los vestidos. Fiora estaba segura de que la abuela revisaría sus baúles…pero los míos en cambio eran otra historia. Envolví unas dagas cuidadosamente en un corsé y lo coloqué en una esquina del baúl, guardé mis frasquitos llenos de sustancias, hierbas, trocitos de metal y polvillos en un estuche de madera que me regaló mi hermano y lo cerré con cuidado. Terminé de recoger algunas cosas que me quedaban: los adornos para el pelo, algunas joyas, recuerdo de nuestra madre, y el estuche que escondía bajo mi cama. No tenía la fuerza de mi hermana y me costaba mucho manejar las espadas como ella, pero Fiora no había cejado hasta que había encontrado algo lo bastante ligero: era un estoque de una extraña aleación que había obtenido Nardeth por accidente, y mi hermana de alguna manera había conseguido que se lo diese. Fue gracias a su amistad con el hijo del herrero por lo que me lo pudo regalar el dia de mi quince cumpleaños.
Una vez guardado todo lo necesario y tras haber alimentado a Ishizu, la única serpiente que la abuela permitía que entrase en casa y sólo tras meses de machacona persuasión y de que Nardeth le jurase repetidas veces lo bien educada que estaba, salí de la habitación y toqué suavemente en la de enfrente

-Fiora, despierta- al no oír respuesta golpeé con mayor insistencia. ¡Fiora despierta!
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Re: Rimiareth

Mensaje por Nat Graveyard el Mar 18 Mar 2014 - 14:51

Me caí de la cama.
-¡FIORA, DESPIERTA! -gritó de nuevo mi hermana.
Me puse en pie precipitadamente, enredándome con las sábanas y, por consiguiente, dejando la cama por completo deshecha según me iba acercando a cerrar las ventanas y el balcón de mi habitación. Con la lluvia y el viento, la habitación estaba hecha un asco. Me miré al espejo. No, mi aspecto no era discordante con mi entorno. Rebufé, y antes de que Lisbeth volviera a aullar, abrí la puerta de mi habitación de golpe.

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Re: Rimiareth

Mensaje por Lis el Mar 18 Mar 2014 - 15:32

Miré de arriba abajo a mi hermana y después eché una ojeada a su habitación. Suspire, justo lo que me temía:
-¿Aún no has acabado de empaquetar?
Sin esperar respuesta entré en el cuarto
- La abuela va poner el grito en el cielo. Vístete o nos la vamos a cargar.-Empecé a recoger algunos vestidos del suelo.-Esto está empapado-bufé-Te has vuelto a dejar la ventana abierta al entrar ¿verdad?
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Re: Rimiareth

Mensaje por Nat Graveyard el Mar 18 Mar 2014 - 15:57

Cerré la puerta, refunfuñé, y me lancé contra mi cama. No, no me dejé caer, me lancé contra él. Gemí. Mi cuello. Le lancé de reojo, con la cara aplastada contra el colchón, una mirada cargada de odio a Lisbeth. Ambas sabíamos de sobra que tenía razón.
-Lo que me hace falta está en el baulillo a los pies de mi cama, Papá no me dejará llevar ninguno de esos vestidos en la corte, ¡Ya tienen un año! Y sois las hijas del Consejero Real, Primer Ministro de Cinamoll, tenéis que hacer honor a vuestra posición y vestir los trajes del mejor sastre del reino, acordes con la moda de la corte... bla, bla, bla -repetí sarcásticamente las palabras de una de las últimas cartas de nuestro padre. -Quizá sería mejor idea que me diera un baño y evitar así que a la abuelita le dé un ictus...
Alargué la mano hacia el suelo, tiré de la sábana, y me tapé con ella la mitad superior del cuerpo.

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Re: Rimiareth

Mensaje por Lis el Mar 18 Mar 2014 - 16:08

-Qué consideración la tuya hacia la salud de nuestra querida abuela-dije con sarcasmo-Si no la has matado del susto en todos estos años no creo que por esto le dé un ictus.- Ignoré olímpicamente la mirada asesina de mi hermana y me senté en la cama a su lado.-Fiora, a mí tampoco me hace muy feliz esto, pero sabes por qué hay que hacerlo... Además piensa que vamos a ver a Nardeth y....-pensé qué podía animarla- en la capital están los mejores espaderos del reino.
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Re: Rimiareth

Mensaje por Nat Graveyard el Mar 18 Mar 2014 - 16:18

Eh, eso te ha quedado muy bonito.

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Re: Rimiareth

Mensaje por Dasharai el Mar 18 Mar 2014 - 16:49

Nat, el termino ictus quizás no sea muy apropiado para la época ... Razz

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- Pero entonces -dijo el joven,contemplando con el entrecejo fruncido las estrellas-, ¿es así como ha de mantenerse el Equilibrio, así, no haciendo nada? Sin duda el hombre tiene que actuar aún cuando no tiene todas las consecuencias, si en verdad hay algo que hacer.
- Nunca temas. Mucho más fácil es para los hombres actuar que abstenerse. Seguiremos haciendo el bien, y el mal ... Pero si de nuevo hubiera un rey sobre todos nosotros, y ese rey buscara como en tiempos remotos el consejo de un mago, y yo fuera ese mago, le diría: "Mi señor, no hagáis nada porque sea justo, o loable, o noble; no hagáis nada porque os parezca bueno, haced tan sólo aquello que hacer, y lo que no podríais hacer de ninguna otra manera"

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Re: Rimiareth

Mensaje por Nat Graveyard el Mar 18 Mar 2014 - 17:01

Ahí te tengo que dar la razón Razz ¿Sugerencia?

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Re: Rimiareth

Mensaje por Maethnír Anárion el Mar 18 Mar 2014 - 17:26

Patatús, algo, dolor, muerte nefasta, destruccion, justin biever... hay muchos sinonimos

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Re: Rimiareth

Mensaje por Fernan el Mar 18 Mar 2014 - 18:13

+1 al último ejemplo de Gon.  Laughing

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Re: Rimiareth

Mensaje por Maethnír Anárion el Mar 18 Mar 2014 - 22:35

Y con el pensamiento de afiladas espadas en mente, una Fiora más aplacada voló al cuarto de los baños para limpiarse las pruebas de su paseo nocturno mientras su hermana le terminaba de hacer el equipaje con una expresión de resignación en la cara.


Dos horas más tarde la habitación estaba impoluta y habían aparecido tres baúles llenos en el suelo (de los cuales solo uno contenía ropa y otros objetos propios de una señorita) y una Fiora con el pelo aún húmedo terminó de revisar su contenido y se sentó en el suelo, pensativa. Cuando entraron los sirvientes a recoger su equipaje, lanzó una última mirada por la ventana con expresión decidida y salió del palacio para ocupar su asiento al lado de Lisbeth en el carruaje que las llevaría a su destino

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